El vino destinado a ser fino o manzanilla, que se ha fortificado hasta alcanzar los 15º, se introduce en la bota dejando "dos puños" de cámara de aire, conservando sobre él la capa de levaduras del género Saccharomyces surgida durante el proceso de fermentación, llamada "la flor". Este velo de levaduras cubre toda la superficie del vino dentro de la bota, aislándolo del aire e impidiendo su oxidación, por lo que esta forma de crianza no es oxidativa sino biológica. La flor se reproduce y muere constantemente, proliferando o floreciendo especialmente en primavera y otoño, y debilitándose en verano e invierno, cuando las temperaturas son más extremas. La flor interactúa constantemente con el vino que cubre, consumiendo parte de su alcohol y nutrientes y aportándole aromas y sabores. La flor que va muriéndose se decanta y deposita en el fondo de la bota, formando lo que es conocido como "Madre del Vino"
En este video, se muestra los pasos de realización de mi cuadro titulado "La Madre del Jerez", inspirado en una imagen de una conocida bodega de Jerez de la Frontera (Cádiz) España; en el que la bota central posee un cristal, por el que se puede ver este proceso de la "flor" y la "madre".
Si les gustó este cuadro, pueden ver más sobre mi obra en:
Hay quien dice que los objetos tienen memoria... En verdad, particularmente, cuando observo ciertos objetos del ayer, especialmente si están relacionados con herramientas de gran importancia en su momento y que pasaron por cientos de manos trabajadoras, me vienen a la memoria estampas que incluso, por mi edad, no pude vivir... Viejos utensilios de cocina, impregnados por la memoria de abnegadas amas de casa de otros tiempos; antiguas herramientas de oficios como la carpintería, la alfarería, la tonelería... perfectamente cuidadas por sus propietarios y siempre listas para su uso. Y las labores del campo... como los cántaros para el agua que saciaba la sed del vendimiador, y los viejos canastos que sirvieron en vendimias pasadas. Al verlos abandonados en un rincón de la vieja bodega nos muestra la memoria callada de un tipo de vendimia que ya no volverá.
A veces el silencio convoca algarabías parodias de coraje espejismos de duende tangos a contrapelo desconsoladas rabias pregones de la muerte sed y hambre de vos pero otras veces es solamente silencio soledad como un roble desierto sin oasis nave desarbolada tristeza que gotea alrededor de escombros fuego mudo
Autor del poema: Mario Benedetti ("Fuego mudo") Autor del cuadro: Retamero Sánchez (www.retart.es)
Hoy me encontré este bello poema dedicado al vino de Jerez, venido del otro lado del océano, y decidí "adornarlo" con algunas de las pinturas que hice sobre el tema. (Para ver mas pinturas mías relacionadas se puede pulsar en cualquiera de los enlaces situados al comienzo de esta página). Espero que os guste.
Estás frente de mi. Tu cuerpo ha sido consuelo para el mío cada invierno, y en ese tu misterio simple y tierno, holgaste solapado mi sentido. Si acaso de viajero ya ha partido mi espíritu evadiéndose al gobierno de luces donde a veces ni discierno, me ayudas a vibrar con tu latido.
Por suave, por sencillo, por hermano de rubia y asoleada cabellera, que ausculto tras el vidrio de mi mano, te nombro al paladear con lisonjera vehemencia el señorío jerezano que marca tu linaje de solera.
Entonces te descubro haciendo trizas tus sueños navegantes de las cepas, por donde tras el frío en savia trepas, cual tuétano de aquellas albarizas. Y así los sedimentos eternizas en oro moscatel, y que lo sepas te ufana y no hay vasijas donde quepas, rumiante con ancestros de calizas.
Si fuiste un prehistórico salobre con algas cimentando tu futuro, hoy eres medicina donde cobre tu auténtica estatura, en el más puro color de viejo hidalgo nada pobre, el vaso en que te escancio sin apuro.
Por eso quiero verte cada vez pulsando el contenido de mi aliento en notas de sabor que trajo el viento que datan de tu estirpe de Jerez. Asocio tu vendimia a mi niñez, pues quiero regalar tu sentimiento con voces de nostalgia en las que siento vibrar tu pensativa robustez.
Un vino de verdad, vino que aciertas la cálida corriente de mi fluido del vamos, como quien sabe las puertas y llena los espacios del latido. Me alientas, me confundes, desconciertas si busca su consuelo el pecho herido.
El sueño de tu crianza en las soleras comulga franco idilio con el roble, y logra que tu esencia se desdoble tiñendo oro pajizo en tus esperas. Punzante y delicado te atemperas por ver tu palidez tornada al doble sabiendo tu ascendencia la más noble simiente que brotó de las hileras.
Si entonces se llamara palomino la cepa que hizo ofrenda en los lagares al dar su gravidez a tu destino, hoy puedes ostentar los titulares de haberte rotulado jerez fino, deleite de exigentes paladares.
También pueden hallarte amontillado luciendo los colores ambarinos que son los distintivos de tus vinos, con ese aroma suave, avellanado.
De Cristo amé la sangre en mi costado, del bosque la canción preñada en trinos, y en ti los medulosos pergaminos que guardan las vasijas del soleado. Quizás en oloroso, noble meta, te entregues con el fuego de tu crianza, oscuro, aunque de oro en tu etiqueta.
Tu gusto transitivo en la balanza camino al moscatel es la receta que tienen los adornos de tu danza. Caoba y terciopelo a tu estatura de vino prisionero en la criadera, revelan tu destino de madera volcado a tu silencio de dulzura. Milagro de la tierra que aventura por un Pedro Ximénez con su esfera translúcida y vital, salir afuera gimiente en la molienda que tritura.
Caminas en la senda de la vida por mesas hogareñas como el vino que espera haya concluido la comida. En tanto el moscatel prodiga el sino habido en la promesa contenida de unir enamorados en destino. Con ese formidable desenfado nacido de los soles de tu historia, contienes macerada la memoria del último terrón que abrió el arado.
Por ver tu corazón transfigurado en lágrimas de amor, como una noria repito los instantes de tu gloria bebiendo la amistad que me has brindado. Por esa conjunción de pan y anhelo intuida como lógica quimera, te nombro soñador de viña en celo.
Y canto en comunión con la madera, insigne relicario del desvelo, el alma de Jerez de la Frontera. Serás ofrenda y paz para el amigo y al Cielo lo convoco de testigo. (Jerónimo Castillo. San Luis-Argentina)